…pequeñeces…

Enero 30, 2008 at 9:58 am (Uncategorized)

…Cuando me sobrevenía el pánico buscaba ayuda, cualquier cabo al que pudiera agarrarme, la mayoría estaban ardiendo y otros muchos directamente estaban sueltos. Agarrarme a todas las cuerdas no se si fue la mejor elección, pero me hizo saber cuales estaban fuertemente atadas…

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Duerme como si no pasara nada, duerme ajena al ruido y al miedo a morir, duerme sin saber si es Martes o Domingo, duerme sin preocuparse de como llenar su plato mañana.

Mi gata siempre duerme con una sonrisa en la boca, por eso la llamé Risa, pues sonrie aunque yo esté llorando. Aprendo tanto de ella a la vez que impreco.

¡Qué feliz es la condenada!

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…Pequeño cuentito…

Enero 28, 2008 at 12:13 am (...Relatos...)

…Es una de esas historias pequeñas que empiezan con un “érase una vez”, uno de esos retales minúsculos que pasan inadvertidos a los ojos de los grandes libros de historia, pero que marcan la vida de personas, que a su vez marcan otras y así, hasta conformar el mundo, que está hecho, de que si no, de pequeñas historias como esta.

 

En un pequeño mundo situado en una enorme montaña, demasiado lejos como para llegar a pie y demasiado cerca como para llegar volando, existía un pequeño pueblo de gente pequeña, personas que ignoraban  y por ello disfrutaban, ignoraban los porques y los fabricaban, como a ellos les pareciera, inventaban sus costumbres e inventaban tambien sus dioses, lo que estaba bien, lo que mal, todo era invención suya, y cambiaba según la boca que lo contara. Un pueblo donde las historias se turnaban para ser contadas, cada noche, en una pequeña cena, codo con codo con los pocos y pequeños habitantes de este pequeño pueblo en lo alto de la gran montaña, demasiado bello para encontrarlo a pie, demasiado extraño para llegar volando.

Allí llegó sin querer un día, un sensible joven hombre, que cargaba un petate con un reloj y un viejo violín, nunca deseó encontrar aquel pueblo pero aquel pueblo le encontró a él, intentó explicar que se dirigía a cualquier otra parte, pero no entendían su forma de hablar, los pequeños pueblerinos habían inventado también su propio lenguaje, lo hizo con señas, pero los diminutos habitantes también tenían sus propios signos, desesperado arrojó el petate al suelo y se llevó las manos a la cabeza, perdido en aquel inmenso pequeño gran mundo. El petate, al caer, hizo vibrar las cuerdas del violín y todos los habitantes se miraron asombrados para luego empezar a sonreír, ya que sus oídos celebraron escuchar un nuevo bello y pequeño sonido. Él joven hombre no le dió mayor importancia, sumido en sus preocupaciones, las de todo hombre, donde estoy y como puedo estar en otro lugar.

Pasaron los meses, aquel visitante intentaba día tras día encontrar el camino que le llevara a “otro lugar”, pero todos los senderos daban la vuelta y le devolvían a las miradas de aquellos pequeños habitantes de aquel pequeño pueblo de aquel pequeño mundo en la cima de aquella gran montaña.

Tras dos años, desistió o se acostumbró, llevó su frustración a una piedra enorme cerca del colchón que tiempo atrás se había fabricado, un poco al margen del pequeño pueblo que sin razón despreciaba, icono de su desacierto en la vida, de su perdida constante. Se acordó de su olvidado viejo violín, sopló la cubierta, lo acarició como quien ve a un viejo amante y lo llevó a su piedra de las lamentaciones,…dejó que fuera el instrumento quien llorara, dejó que fuera el violín quien explicara, que hago aquí, quien soy, por que, a donde he de ir, cual es el camino… .Al acabar su improvisada melodía, sintió que no estaba solo, giró la cabeza y vio a un pequeño hombre anciano, lo conocía, llevaba viendo aquellas pequeñas caras durante dos años, le extrañó lo que el aquel viejo llevaba entre las manos, parecía un instrumento, muy rústico, construido con un tronco sin pulir y cabellos como cuerdas, tenía una especie de pipa al final de las cerdas y algunos mecanismos que no alcanzaba a vislumbrar para que servían. Tras escudriñar el aparato, volvió a la cara del pequeño anciano, sonriente, como aquella primera vez, cuando llegó allí y su petate cayó al suelo dejando gemir al violín. El viejo no dudó, agarró de manera particular su instrumento y empezó a tocar, corrió una leve brisa que humedeció los ojos del visitante perdido, así que los cerró, y la extraña música entró por todos los poros de su piel. La música le dijo: Estas aquí para entender que no hay que morir buscando, eres lo que eres en este momento, no existen las metas, solo las etapas, el camino lo hacen tus pies, no tus lagrimas,…ahora nos entendemos.

 

Y el joven sonrió…como en aquella primera vez.

Los grandes cambios no entienden de pequeñas historias, pero son las pequeñas historias las que hacen los grandes cambios.

 

Aarón D. Gómez Rosales

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…Vibratto…

Enero 21, 2008 at 12:42 am (...Relatos...)

Yo, animal humano, de la especie de los despreciados, en continuo proceso de maduración, en imposible sublimación del mismo.

Tranquilo y ansioso, en eterna búsqueda del vibratto…

 

El vibratto, ese pequeño pero incombustible motor que dicta nuestras vidas…¿no lo creéis así?, escuchad una pequeña historia…

 

<< Él la había mentido, y era la primera vez que lo hacía, le había dicho algo rápidamente improvisado sobre una reunión o algo así, tenía que ir no demasiado lejos por no demasiado tiempo, estaría de vuelta en un visto y no visto, y ella hizo que le creía, pero había visto su nombre en su teléfono, como parpadeaba Susana en la pequeña pantalla, con una melodía que le puso banda sonora al dubitativo momento. Está bien cariño, no tardes, y le acompañó a la estación, de la mano hasta su puerta, como en las películas en blanco y negro, faltaba el pasajeros al tren, faltaba el sombrero de medio lado y la gabardina color cemento, pero el resto de ingredientes estaban allí, ¿sabes?, le dijo en el último instante, justo cuando él ya se sentía protegido dentro del gusano metálico, ¿sabes?, te quiero, ya me dio tiempo suficiente para darme cuenta de que no eres perfecto, y eso es lo que me ha hecho sentir que te quiero, que amo tus imperfecciones, que son ellas las que hacen que te quiera… . Balbuceó un gracias, o un yo también, o algo no demasiado romántico, se le habían desnudado en sus ojos, la mujer a la que amaba le había dicho, no me mientas, quédate conmigo,…lo más normal hubiera sido bajar del tren, cualquiera con dos dedos de frente lo hubiera hecho, pero él no, se sentó y se hundió en uno de esos asientos de tren antiguos, con orejas que convierten tu mirada en una de caballo, solo al frente, y decidió no pensarlo más. Llegó a su destino unas pocas horas más tarde, no pensó, fue hasta el hotel, no pensó, subió hasta la habitación y no pensó, tocó a la puerta sin pensar y esperó con la mente en blanco, hasta que ella abrió, …la perfección hecha mujer, la promesa de las revistas y las películas de mucho presupuesto, la imposible, la divina, el remedio para cualquier problema, …ella, …Susana, con una sonrisa fabricada para no acabarse, con una cara diseñada para llevar esa sonrisa, con un cuerpo pensado para viajar, con unas piernas, largas como meses y un culo donde cualquiera desearía morir…y ella, quería concederle todos sus deseos.

Pasa.

Pasó.

Espera.

Esperó.

Y mientras ella se quitaba las botas él no pudo más que abalanzarse y hacer el amor sin concederse ningún respiro, dejando que sus manos tocaran todo lo que deseaban tocar y dejando que sus labios mojaran todo lo que querían morder.

Horas de vaho más tarde, deciden salir, a cualquier club caro donde ella no se sintiera cualquier cosa que no fuera, él no estaba acostumbrado a esos sitios, de hecho, si hubiera intentado ir en cualquier otra ocasión, seguramente le hubieran negado el paso, pero con aquella mujer de la mano el propio San Pedro le daría una copia de las llaves del Paraíso. Bailaron y él nadaba feliz en la luz que los focos de Susana el proyectaban hacia el mundo, sabía que esa noche era el afortunado, el único ganador de un gran concurso, el epicentro de las miradas de envidia. Sudaron y se sentaron,

¿quieres algo?

Un vaso de leche

¿Leche?

Si, leche

Está bien, ahora vuelvo.

Y fue hacia la barra, le asombró comprobar que el barman no se sorprendió al recibir el pedido, un vaso de leche, y comprendió por enésima vez que ese no era su habitat, pero esa noche si, él paseaba de la mano de una diosa que le había coronado dios de la noche, el barman volvió, con el vaso de leche, y él, tras pagar, dio media vuelta y comenzó a lidiar en la jungla de cuerpos intentando no derramar la leche de Susana. Volvió y ella no estaba, la buscó y ella no estaba, poco importa donde hubiera ido, lo importante era saber que no iba a volver.

Y allí estaba él, con un vaso de la leche de Susana en la mano, en medio de un escándalo de graves…pensó en los graves mientras miraba las ondas que producían en la leche…

buenos baffles, hacen que los graves retumben dentro de ti,…bueno…, para eso son…, para eso están diseñados, …para hacernos vibrar…

 

Y comprendió, que podemos recorrer kilómetros y tirar por la borda lo más importante de nuestras vidas, tan solo por vibrar unos segundos, a sabiendas de que las ondas cesan, a sabiendas de que después estaremos más solos y más viejos, a sabiendas de que las oportunidades son escasas, lo arruinamos todo…

 

por vibrar un rato… >>

 

Yo, animal humano, entiendo que la monotonía no existe, que nada es lineal.

Yo, especio despreciada, he entendido que las ondas siempre están, tan solo, hay que saber encontrarlas, cada día, en tú vaso de leche.

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…Paradoja…

Enero 15, 2008 at 10:37 pm (...Opiniones...)

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…hasta siempre…

Enero 8, 2008 at 11:11 pm (...Relatos...)

noche

    Era tan de noche que la noche era incapaz de ver, tan a oscuras estaban ella y él que no podían olerse, te quiero, le susurró él y ello calló un grito, no te vayas, volvió a intentar, y ello siguió gritando. Tal era el silencio que reinaba cuando el no hablaba que pudo escuchar el esfuerzo de una lagrima por atravesar pestañas y piel, y vivió cada instante de su caída hasta el suelo. ¿Por qué lloras?, adiós, no digas adiós, no te vas, me voy, ¿a dónde?, no empieces otra vez. Su mano en su pecho, su intento de un último beso, pero como nunca sucede en las películas, ella lo esquivó y se dio media vuelta para atravesar con paso lento e inseguro los pasos que habrían de alejarla de él, un viaje sin retorno. ¡Todavía queda esperanza!, ¡siempre la hay!, y aguzó el oído para percibir el más mínimo cambio en el ritmo de su paso, y lo percibió, sus pies arrastraron uno o dos metros más y paró. ¿tú crees?, mira, no veo dijo él, pues por eso, mira, mírame, ¿me ves?, él inspiró y entendió, si, dijo seguro de que la veía, pues la veía, aunque no pudiera hacerlo, podía verla, sentirla, tocarla, olerla, imaginarla desnuda contra su desnudo, desbaratarle el pelo con los dedos, acariciar su sexo con su boca, reír su risa, llorar su llanto…en la profunda oscuridad, en la total oscuridad, estaba ahí. Ella pareció escuchar sus pensamientos, y le dedicó la sonrisa más hermosa jamás relatada, la sonrisa más cargada jamás gesticulada, y él, que no podía verla, la vio, iluminando la noche, parada a diez metros, con los brazos cruzados y la cabeza ladeada…y entendió, que aunque no estuviera a su lado…ella siempre estaría ahí.

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…queridos reyes pagos…

Enero 8, 2008 at 11:42 am (...Ascos...)

Asombrado como ese padre que oyó como su hijo le pedía una república a los reyes magos, desesperado como esa madre que les pidió agua limpia, intrigado como ese niño que vio a su padre colocar los regalos, asustado como ese otro chaval que en lugar de carbón recibió bombas, acojonado como el planeta, ya que nadie lee su carta, triste como quienes nunca reciben ni la oportunidad de pedir. Pedir, pedir y pedir, en estos tiempos pedir ya no es necesitar, ni siquiera querer, pedir es relativo a un número en un almanaque, día de reyes, día de cumpleaños, santos, pascuas y fiestas de guardar, pedimos y pedimos y nos damos las gracias, por hacer que la burbuja crezca, por fomentar lo infumable, por envolvernos en celofán y sonreir ante algo que no necesitamos, somos figuritas llenas de polvo, encima de cualquier estantería, limpiamos las figuritas mientras dejamos que el mueble que las aguanta, se cargue, se rompa, se joda.

 

Hoy todo me da un poco más de asco.

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