…hoy puede ser un gran día…

Me levanté por que tenía que levantarme, nada más simple, nada más complejo, me puse mis lentes de ver de cerca y me colgué en el cuello las de ver de lejos, las de ver a medias me las dejé puestas al dormir a modo de lentillas mientras jugaba en otra de mis patéticas noches solitarias a buscarle formas a una mancha de humedad en la pared, justo al frente de los pies de mi cama, a media distancia. Me levanté por que tenía que hacerlo, por que debía hacerlo, por que estaba programado para hacerlo, ni más ni menos, con el pié izquierdo como de costumbre, pero literal y no supersticiosamente, pero, casualidades de la vida, metí el dedo gordo de mi pié izquierdo todavía dormido en el vaso de agua relamido por mi gato la noche anterior, lo volqué e intentando que eso no marcara mi día me dediqué una sonrisa de control y deambulé hasta el baño, empecé a orinar sin darme cuenta de que antes debía bajarme el pantalón del pijama, al revés por supuesto, y en todos los aspectos, el trasero donde debería ir lo que ahora encharca mi mañana y los pliegues y la etiqueta descubriendo el mundo. Hice lo que pude para mantener la dignidad mientras me quitaba la ropa y me quemaba con el agua demasiado caliente de la ducha y me congelaba acto seguido con el agua demasiado fría de la ducha. No resbalé, no, no os adelantéis, no resbalé en la ducha, lo hice en el pasillo lo que me hizo llegar a la cocina con más suerte que estilo, para poner la cafetera sin agua, las tostadas en una tostadora desenchufada y un calcetín de cada color en la nevera, acompañando a corbatas, llaves y un billete de cinco. Salí de casa con la leve sensación de que no volvería, al menos de una pieza, al menos sin un alta médica. Crucé la calle mientras recordaba como era aquello del padre nuestro y cuando lo había conseguido, sano y salvo en la otra acera, una bicicleta llevada por un hombre llevado por un ipod llevado por shakira me destrozón el pié que más tardó en levantarse hoy, el derecho. Cojeé hasta la parada del bus, donde me di cuenta demasiado tarde que mi cartera descansaba junto con mis calcetines dentro de la nevera. Empieza a llover y hay cinco manzanas y media hasta la oficina y cinco minutos y medio para que sea demasiado tarde. Llego tarde…pero llego, mi jefe me habla, no le entiendo y murmuro un “si”, “¿ah, si?”, me contesta, “pues despedido!” me escupe. Guardo un portaretrato de mi mismo en una caja de estas de película americana y algunas cosas más que no se que son pero que llenan dignamente mi cubículo de orgullo. Me voy de la oficina pero antes de llegar al ascensor intento, no se por qué, lanzar a mis ahora ex compañeros el monólogo de la película esa de Tom Cruise donde hace de representante, acabo con un “¡¡quiero saber!!,¿¡quién se viene conmigo”, y repito esa frase ante el sonido de ventanas que crujen con el viento y ruedas de hierba seca que atraviesan el cuadro, a todo esto, recuerdo que la cafetera detonará en breves instantes si no lo ha hecho ya.
Me voy…, salgo sin rumbo pensando que nada puede ir peor, y vuelvo a lanzar otra sonrisa de control, todo está bajo control, menos este otro charco y este nuevo socavón, socabrón, enlazo agudo y en voz alta, so cabrón este alcalde, pero demasiado cerca de un municipal que pone multas y ahora pone una más.
Me quedo pensando si esta ciudad tenía mar, recuerdo que si e intento recordar su camino, tres horas más tarde llego hasta ese típico puertito de madera de película americana, donde billy bob y joe toman unas cervezas con los pies colgando cerquita de una calma marea, hago lo propio preguntándome cuanto tardará en salir de sorpresa un tiburón, miro al horizonte mientras cae un rayo haciendo de mi puertito privado una balsa llevada por una inesperada y fuerte corriente que me arrastra hacia el infinito del azul. Miro arriba, azul, miro abajo azul, miro atrás y la ciudad se escapa, miro adelante y el horizonte se agranda…me miro,…y sonrío.
Hoy puede ser un gran día.
…Vuelos…
Dentro de unas horas estaré rumbo a Paris…aqui os dejo mis silencios, rellenos de gritos que pronto escucharéis, aqui os dejo mis “ahoras” que ya os traeré mis “despues”.
Me voy con extraña sensación, espero volver con alegre pensamiento.
Os quiero.
…Lyo y Tenea…
Sobre una cama de flores cuyos perfumes en mezcla podrían hacer cambiar al Universo de rumbo, la muchacha más feliz de los tiempos, la joven Tenea, masticaba una hoja de menta diminuta y a la vez eterna. Sus labios insinuaban el masticar como lo hacen las olas del mar cuando bañan las algas perezosas. Su mirada estaba fija, casi tatuada en el horizonte, analizando con serenidad el gran acontecimiento.
-¿Qué color es ese, Lyo?
-Nunca lo he visto, Tenea, nunca.
-Entonces, ¿por qué no vamos hacia allí?
-Porque está en el horizonte.
-Vayamos al horizonte.
Lo decía con una sonrisa mentolada, y con el cuello erguido como el de una jirafa. Lyo, observaba con ella el naranja del horizonte, pero con otro pensamiento. En su cabeza serpenteaba el mágico placer de sentir los colores sin darles más explicación, sin otorgarles más pregunta que la de querer saber cuánto duraría tanta belleza.
-Lyo, ¿me escuchas?
-Por supuesto, Tenea. Pero ahora ese color me ha quitado el habla.
-Vayamos hacia él.
-¿Ahora?
-Siempre desaparece. Siempre ese color desaparece, dejando el rojo y luego el violeta, y luego el verde para traducirse en noche. Quiero ir tras ese color.
Lyo desconocía las ambiciones de Tenea, pero las sentía en el tono de su hablar. Decir “no”, era lo mismo que acabar con ella. Así es que, sin pensarlo, y saliendo del trance de aquella observación, se alzó y cogió de la mano a Tenea, para llevarla hacia el naranja.
Pasados los segundos, Tenea se detuvo y expresó las últimas palabras de aquel bello momento: “No iré.”
-¿Por qué?- Lyo sonreía al decirlo.
Ella no contestó. Miró a Lyo a los ojos y declaró con sus pestañas el fin de tan corta búsqueda.
Sin embargo, el naranja tan anhelado dio lugar a la oscuridad poco después, y Tenea y Lyo se encontraron en la noche.
Siete noches después, en el octavo atardecer naranja, Tenea había terminado de masticar su sabrosa hoja de menta.
-¿Por qué comes hojas de menta, Tenea?- preguntaba Lyo con mucha curiosidad.
-No las como. Las saboreo. Es tanto el sabor que fluye de estas hojas que al final, desaparecen en mi boca. No encontraría jamás un sabor tan inquietante. Mi lengua es la traducción de todos mis sentidos.
- Entonces, ¿puedo besarte?.
-Si.
Lyo se aproximó a Tenea, con la templanza de una piedra y el bullicio del viento. Acercó sus labios a los de Tenea, y la besó. Ella quedó acomodada en su camastro de flores. Una nueva sonrisa le adornaba el cuerpo. Lyo tendía su cuerpo a su lado, y componía, tras el beso, dibujos con las manos en el aire. Aún cuando hubieron transcurrido tres o cuatro atardeceres más, el sabor de aquel beso les había dejado dormidos y continuaba provocando en sus caras el mayor estado de felicidad del mundo.
- Sin darte cuenta – añadió Tenea – has conseguido que viajemos y raptemos aquel color del horizonte. ¿No lo sientes así?
- Así es. Me ha gustado darte un beso porque intuía que algo ocurriría. Y así ha ocurrido. Aquel color del horizonte que deseaste raptar, no es más que el beso que nos hemos dado. ¡Lo hemos conseguido! ¡Hemos llegado al horizonte y hemos alcanzado aquel color!. Como tú querías.
La magia del beso les había hipnotizado más de lo que ya de por sí hipnotizaba aquella atmósfera. Lyo y Tenea bromeaban, puesto que no tenían nada más que hacer. Pronto, se hizo la noche, y nuevamente, con ella, la curiosidad empuñó las mentes y los deseos de estos dos seres.
-Se hace de noche, se hace de día, se hace atardecer, y los colores van y vienen. ¿Por qué?
-Tenea, no te hagas tantas preguntas. Si te las haces, te las pueden contestar, y entonces, tus dudas se convertirán en sabiduría.
- ¿Y mi sabiduría?
- Será más tarde indiferencia.
-¿Indiferencia?
-Indiferencia. Pues lo que a ti te proporciona la alegría no es más que lo que no sabes ni conoces.
-Entonces, ¿por qué deseo otro beso aún cuando ya he recibido uno de ti?
-Porque tu sed no la calma un color, sino mis labios.
Lyo emprendió la praxis de su teoría resolviendo el juego con un nuevo beso que dió con el mismo ímpetu que el primero. Al hacerlo, Tenea se convierte en mariposa y bate sus alas sin parar.
- ¡Tenea!
Ella, al ser mariposa, no puede hablar, pero Lyo la observa sin perderla de vista. ¡Tenea!¡Tenea!.
Lyo abrió su corazón y busco en sí mismo la clave para poder convertirse en mariposa. Pero no podía. Por más que lo intentaba no podía. Habló con las piedras y trató de ingerir aquellas hojas de menta, pero en su lugar, sólo salieron lágrimas de impotencia.
-Oh, Tenea, nunca jamás debí haberte besado por segunda vez. Has cambiado tu rostro y tu figura, para batir las alas con rapidez, y dejarme sólo, a mi y a tu horizonte.
Tenea, convertida en mariposa, jugueteaba por entre las ramas de los árboles más frondosos. Alas rojas y negras, que poco a poco se fueron agotando. Al cabo de un rato, la mariposa Tenea posó su cuerpo diminuto sobre el suelo, y dejó de batir las alas. La belleza antes mantenida por su cuerpo, había culminado con el detenerse de aquellas alas. Lyo la observaba, con lágrimas en los ojos. La mariposa, parecía estar reflexionando, cavilando. Cuando Lyo se acercó a ella para acariciarla, observó que ésta miraba, nuevamente, hacia un nuevo naranja de un nuevo atardecer, y comprendió entonces, que Tenea era un beso, hecho colores, sin forma definida, y rebosante de plena felicidad.
- Tu sabiduría te ha hecho mariposa. Y ahora tú besas mis pupilas con tu belleza. -exclamó Lyo, con la certeza de no haberla perdido para siempre.
Poco después, la mariposa volvió a batir sus alas, y ascendió muy alto. Tan alto, que acabó por convertirse en un pequeño punto confundido entre las nubes. Esa noche, llovió, pero no cayeron gotas de agua, sino hojas de menta. La noche se había perfumado y Lyo, esperaba sentado, para siempre, al siguiente atardecer.
Cuando el atardecer volvió, al día siguiente, Lyo se puso en pie y emprendió el rumbo hacia el horizonte. Pasado el tiempo, en el camino, Lyo… se convirtió en mariposa.
Al sentir que podía batir las alas, entendió su nuevo aspecto y marchó en busca de Tenea. ¿Cómo encontrarla entre tantas flores?. Planeó sin cansancio hasta que, poco después, la encontró posada al lado de un bello manantial.
-¡Lyo!
-¡Tenea!
La alegría se hacía tan grande, que las dos mariposas volaron siempre juntas. Durante bastante tiempo, para ellas.
Pero el tiempo de vida de una mariposa, visto desde nuestro punto de vista, es relativamente corto. Y cuando llegó la muerte, sonriente, Lyo y Tenea la recibieron juntos en algún prado soleado de aquel paraíso.
Las mariposas murieron. Se descompusieron. Y de ellas surgió un polvillo fino que el viento se llevó. Cuando el Sol iluminó el polvillo flotante en el aire, ligero, nacía con sutileza el naranja más bello del Universo.
Tenea y Lyo habían conseguido llegar al horizonte.
…de menos a más, de más a menos…

Hola, soy una partícula, no puedes verme pero puedes hacerlo, gracias a mis infinitos iguales, pero yo soy sólo una, no tengo nombre, si quiera número, formo parte de una inabarcable comunidad, juntas, codo con codo (en el caso de tenerlos) formamos lo que conocéis como un átomo…
Hola, soy ese átomo, quisiera agradecer a la partícula y a todas sus congéneres la posibilidad de mi existencia, no las desprecio por su tamaño, por que entonces estaría despreciando lo que soy, yo también carezco de nombre y número, pero existo, en torno a mi orbitan sin cesar electrones, protones y neutrones, nos agitamos con el calor como lo haría cualquiera, pero no sería nada sin mis compañeros, entre todos, millones de billones, formamos una gota de agua…
Hola, soy una gota de agua, perceptible a tus ojos pero olvidada o pasada por alto demasiado deprisa, no creas que me siento menos por no ser capaz de regar todo un campo o de empapar tu pelo, se que no soy nada sin mis átomos, sin mis partículas cuando miro hacia adentro, así como se que no soy nada sin todas las gotas de agua que me rodean cuando miro hacia afuera, y veo que no soy tan solo una gota de agua, sino que formo un mar…
Hola, soy un mar, un mar de gotas de agua, un mar de lluvia, un mar de lagrimas, me veis, incluso a mi ya me teméis, ignorando que solo soy un conjunto de gotas, átomos y partículas, que no soy uno, que soy muchos. Siempre me fundo con el aire, estoy en continuo contacto con el, y así, cuando el calor agita mis átomos, me evaporo y me hago lluvia, caigo a la tierra y entonces, entonces soy tierra, o parte de ella, o las dos cosas…
Hola, soy la Tierra, soy agua, tierra, átomos y partículas, soy humanos, árboles y magma, no puedes verme por que soy demasiado grande a tus ojos, tengo nombre y número, formo parte de una inabarcable comunidad, juntas, codo con codo (en el caso de tenerlos) formamos lo que conocéis como Galaxia…
Hola, soy La Galaxia, no puedes verme, pero estoy ahí, gracias partícula que lees mis palabras, por hacerme existir, y por formar, entre todos, lo que conocéis como Universo…
Hola, soy el Universo…¿te sigo contando?…o ya lo has entendido…
…cinco estupideces…
Son el derecho del que cualquier persona dispone, cinco, ni una más, ni una menos, cinco estupideces durante toda una vida. Aprovéchalas bien, no las desperdicies, busca el momento adecuado y cuídate de que no dejen muescas demasiado profundas. La frase incontenible, el beso prohibido, aquello que siempre te dijeron que jamás debías intentar. No se, cada cual sabrá, correr descalzo alrededor de una piscina, probar esto, aquello, lo de más allá, reirte en un funeral, engañar a tu mejor amigo con su novia, engañarte a ti mismo…elije bien, la linea es fina, entre la estupidez y la decisión adecuada. No faltarán los que te digan que estas eligiendo el camino estúpido, pero recuerda…muchas veces son los mismos que no son capaces de ver la meta, la utopía.
Así que ya sabes, son tu derecho, tienes un contador que cuenta hasta cinco, a partir de ahí es peligroso, cinco estupideces de las que salir airoso, cinco cosas de las que reirte con el tiempo…
¿cuales son tus cinco?
…pequeñeces…
…Cuando me sobrevenía el pánico buscaba ayuda, cualquier cabo al que pudiera agarrarme, la mayoría estaban ardiendo y otros muchos directamente estaban sueltos. Agarrarme a todas las cuerdas no se si fue la mejor elección, pero me hizo saber cuales estaban fuertemente atadas…
————————————————————————————————————————–
Duerme como si no pasara nada, duerme ajena al ruido y al miedo a morir, duerme sin saber si es Martes o Domingo, duerme sin preocuparse de como llenar su plato mañana.
Mi gata siempre duerme con una sonrisa en la boca, por eso la llamé Risa, pues sonrie aunque yo esté llorando. Aprendo tanto de ella a la vez que impreco.
¡Qué feliz es la condenada!
…Toc toc…
Uno un día se para en seco y repiensa…necesito escribir y, además, que llegue al algún oído, y ese día decidí comenzar un blog, ya se que peco de muchas cosas, entre ellas la enorme dispersión que rige cada uno de mis actos, pero espero que ahí radique algún tipo de magia, sortilegio, por pequeño que sea, que remueva algo en alguien en algún lugar. Supongo que el hecho de haber dejado este blog inactivo durante alguna semana ha hecho que desaparezcan los pocos lectores que lo recorrían, y este es un llamamiento a todos ellos y a todas ellas, por que, sin ustedes esto carece de sentido, es pluma sin tinta, palabra sin pasión, llanto sin lágrima, sois mi hombro y mi codo, sois mi patada y mi abrazo, sois el sentido de este sin sentido. Sois todo.
Si seguís ahí, publicad un comentario en blanco, solo para recordar que el silencio se escucha, y que no hablo al acantilado, aunque tambien eso tiene su magia.
Solo me queda acercarme a vuestras puertas una vez más y golpear ligeramente el pomo….
Toc, toc…¿hay alguien?…
