…Pequeño cuentito…

enero 28, 2008 at 12:13 am (...Relatos...)

…Es una de esas historias pequeñas que empiezan con un “érase una vez”, uno de esos retales minúsculos que pasan inadvertidos a los ojos de los grandes libros de historia, pero que marcan la vida de personas, que a su vez marcan otras y así, hasta conformar el mundo, que está hecho, de que si no, de pequeñas historias como esta.

 

En un pequeño mundo situado en una enorme montaña, demasiado lejos como para llegar a pie y demasiado cerca como para llegar volando, existía un pequeño pueblo de gente pequeña, personas que ignoraban  y por ello disfrutaban, ignoraban los porques y los fabricaban, como a ellos les pareciera, inventaban sus costumbres e inventaban tambien sus dioses, lo que estaba bien, lo que mal, todo era invención suya, y cambiaba según la boca que lo contara. Un pueblo donde las historias se turnaban para ser contadas, cada noche, en una pequeña cena, codo con codo con los pocos y pequeños habitantes de este pequeño pueblo en lo alto de la gran montaña, demasiado bello para encontrarlo a pie, demasiado extraño para llegar volando.

Allí llegó sin querer un día, un sensible joven hombre, que cargaba un petate con un reloj y un viejo violín, nunca deseó encontrar aquel pueblo pero aquel pueblo le encontró a él, intentó explicar que se dirigía a cualquier otra parte, pero no entendían su forma de hablar, los pequeños pueblerinos habían inventado también su propio lenguaje, lo hizo con señas, pero los diminutos habitantes también tenían sus propios signos, desesperado arrojó el petate al suelo y se llevó las manos a la cabeza, perdido en aquel inmenso pequeño gran mundo. El petate, al caer, hizo vibrar las cuerdas del violín y todos los habitantes se miraron asombrados para luego empezar a sonreír, ya que sus oídos celebraron escuchar un nuevo bello y pequeño sonido. Él joven hombre no le dió mayor importancia, sumido en sus preocupaciones, las de todo hombre, donde estoy y como puedo estar en otro lugar.

Pasaron los meses, aquel visitante intentaba día tras día encontrar el camino que le llevara a “otro lugar”, pero todos los senderos daban la vuelta y le devolvían a las miradas de aquellos pequeños habitantes de aquel pequeño pueblo de aquel pequeño mundo en la cima de aquella gran montaña.

Tras dos años, desistió o se acostumbró, llevó su frustración a una piedra enorme cerca del colchón que tiempo atrás se había fabricado, un poco al margen del pequeño pueblo que sin razón despreciaba, icono de su desacierto en la vida, de su perdida constante. Se acordó de su olvidado viejo violín, sopló la cubierta, lo acarició como quien ve a un viejo amante y lo llevó a su piedra de las lamentaciones,…dejó que fuera el instrumento quien llorara, dejó que fuera el violín quien explicara, que hago aquí, quien soy, por que, a donde he de ir, cual es el camino… .Al acabar su improvisada melodía, sintió que no estaba solo, giró la cabeza y vio a un pequeño hombre anciano, lo conocía, llevaba viendo aquellas pequeñas caras durante dos años, le extrañó lo que el aquel viejo llevaba entre las manos, parecía un instrumento, muy rústico, construido con un tronco sin pulir y cabellos como cuerdas, tenía una especie de pipa al final de las cerdas y algunos mecanismos que no alcanzaba a vislumbrar para que servían. Tras escudriñar el aparato, volvió a la cara del pequeño anciano, sonriente, como aquella primera vez, cuando llegó allí y su petate cayó al suelo dejando gemir al violín. El viejo no dudó, agarró de manera particular su instrumento y empezó a tocar, corrió una leve brisa que humedeció los ojos del visitante perdido, así que los cerró, y la extraña música entró por todos los poros de su piel. La música le dijo: Estas aquí para entender que no hay que morir buscando, eres lo que eres en este momento, no existen las metas, solo las etapas, el camino lo hacen tus pies, no tus lagrimas,…ahora nos entendemos.

 

Y el joven sonrió…como en aquella primera vez.

Los grandes cambios no entienden de pequeñas historias, pero son las pequeñas historias las que hacen los grandes cambios.

 

Aarón D. Gómez Rosales

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3 comentarios

  1. gnomo said,

    Gracias, Aarón.

  2. Pejooe said,

    Como mola la adivinanza….. yo digo que es…… ehhmmmmmmm…. ¡¡¡una pipa de agua electrónica!!

  3. Niño Indigo said,

    jajajajajaja, por eso el pueblo sonreía…claaaro, ya lo entendí!

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