…Lyo y Tenea…

marzo 4, 2008 at 12:48 pm (Uncategorized)

            Sobre una cama de flores cuyos perfumes en mezcla podrían hacer cambiar al Universo de rumbo, la muchacha más feliz de los tiempos, la joven Tenea, masticaba una hoja de menta diminuta y a la vez eterna. Sus labios insinuaban el masticar como lo hacen las olas del mar cuando bañan las algas perezosas. Su mirada estaba fija, casi tatuada en el horizonte, analizando con serenidad el gran acontecimiento.

            -¿Qué color es ese, Lyo?

            -Nunca lo he visto, Tenea, nunca.

            -Entonces, ¿por qué no vamos hacia allí?

            -Porque está en el horizonte.

            -Vayamos al horizonte.

Lo decía con una sonrisa mentolada, y con el cuello erguido como el de una jirafa. Lyo, observaba con ella el naranja del horizonte, pero con otro pensamiento. En su cabeza serpenteaba el mágico placer de sentir los colores sin darles más explicación, sin otorgarles más pregunta que la de querer saber cuánto duraría tanta belleza.

            -Lyo, ¿me escuchas?

            -Por supuesto, Tenea. Pero ahora ese color me ha quitado el habla.

            -Vayamos hacia él.

            -¿Ahora?

            -Siempre desaparece. Siempre ese color desaparece, dejando el rojo y luego el violeta, y luego el verde para traducirse en noche. Quiero ir tras ese color.

            Lyo desconocía las ambiciones de Tenea, pero las sentía en el tono de su hablar. Decir “no”, era lo mismo que acabar con ella. Así es que, sin pensarlo, y saliendo del trance de aquella observación, se alzó y cogió de la mano a Tenea, para llevarla hacia el naranja.

            Pasados los segundos, Tenea se detuvo y expresó las últimas palabras de aquel bello momento: “No iré.”

            -¿Por qué?- Lyo sonreía al decirlo.

Ella no contestó. Miró a Lyo a los ojos y declaró con sus pestañas el fin de tan corta búsqueda.

            Sin embargo, el naranja tan anhelado dio lugar a la oscuridad poco después, y Tenea y Lyo se encontraron en la noche.

Siete noches después, en el octavo atardecer naranja, Tenea había terminado de masticar su sabrosa hoja de menta.

            -¿Por qué comes hojas de menta, Tenea?- preguntaba Lyo con mucha curiosidad.

            -No las como. Las saboreo. Es tanto el sabor que fluye de estas hojas que al final, desaparecen en mi boca. No encontraría jamás un sabor tan inquietante. Mi lengua es la traducción de todos mis sentidos.

            – Entonces, ¿puedo besarte?.

            -Si.

Lyo se aproximó a Tenea, con la templanza de una piedra y el bullicio del viento. Acercó sus labios a los de Tenea, y la besó. Ella quedó acomodada en su camastro de flores. Una nueva sonrisa le adornaba el cuerpo. Lyo tendía su cuerpo a su lado, y componía, tras el beso, dibujos con las manos en el aire. Aún cuando hubieron transcurrido tres o cuatro atardeceres más, el sabor de aquel beso les había dejado dormidos y continuaba provocando en sus caras el mayor estado de felicidad del mundo. 

            – Sin darte cuenta – añadió Tenea – has conseguido que viajemos y raptemos aquel color del horizonte. ¿No lo sientes así?

            – Así es. Me ha gustado darte un beso porque intuía que algo ocurriría. Y así ha ocurrido. Aquel color del horizonte que deseaste raptar, no es más que el beso que nos hemos dado. ¡Lo hemos conseguido! ¡Hemos llegado al horizonte y hemos alcanzado aquel color!. Como tú querías.

            La magia del beso les había hipnotizado más de lo que ya de por sí hipnotizaba aquella atmósfera. Lyo y Tenea bromeaban, puesto que no tenían nada más que hacer. Pronto, se hizo la noche, y nuevamente, con ella, la curiosidad empuñó las mentes y los deseos de estos dos seres.

            -Se hace de noche, se hace de día, se hace atardecer, y los colores van y vienen. ¿Por qué?

            -Tenea, no te hagas tantas preguntas. Si te las haces, te las pueden contestar, y entonces, tus dudas se convertirán en sabiduría.

            – ¿Y mi sabiduría?

            – Será más tarde indiferencia.

            -¿Indiferencia?

            -Indiferencia. Pues lo que a ti te proporciona la alegría no es más que lo que no sabes ni conoces.

            -Entonces, ¿por qué deseo otro beso aún cuando ya he recibido uno de ti?

            -Porque tu sed no la calma un color, sino mis labios.

            Lyo emprendió la praxis de su teoría resolviendo el juego con un nuevo beso que dió con el mismo ímpetu que el primero. Al hacerlo, Tenea se convierte en mariposa y bate sus alas sin parar.

            – ¡Tenea!

            Ella, al ser mariposa, no puede hablar, pero Lyo la observa sin perderla de vista. ¡Tenea!¡Tenea!.

            Lyo abrió su corazón y busco en sí mismo la clave para poder convertirse en mariposa. Pero no podía. Por más que lo intentaba no podía. Habló con las piedras y trató de ingerir aquellas hojas de menta, pero en su lugar, sólo salieron lágrimas de impotencia.

            -Oh, Tenea, nunca jamás debí haberte besado por segunda vez. Has cambiado tu rostro y tu figura, para batir las alas con rapidez, y dejarme sólo, a mi y a tu horizonte.

            Tenea, convertida en mariposa, jugueteaba por entre las ramas de los árboles más frondosos. Alas rojas y negras, que poco a poco se fueron agotando. Al cabo de un rato, la mariposa Tenea posó su cuerpo diminuto sobre el suelo, y dejó de batir las alas. La belleza antes mantenida por su cuerpo, había culminado con el detenerse de aquellas alas. Lyo la observaba, con lágrimas en los ojos. La mariposa, parecía estar reflexionando, cavilando. Cuando Lyo se acercó a ella para acariciarla, observó que ésta miraba, nuevamente, hacia un nuevo naranja de un nuevo atardecer, y comprendió entonces, que Tenea era un beso, hecho colores, sin forma definida, y rebosante de plena felicidad.

            – Tu sabiduría te ha hecho mariposa. Y ahora tú besas mis pupilas con tu belleza. -exclamó Lyo, con la certeza de no haberla perdido para siempre.

            Poco después, la mariposa volvió a batir sus alas, y ascendió muy alto. Tan alto, que acabó por convertirse en un pequeño punto confundido entre las nubes. Esa noche, llovió, pero no cayeron gotas de agua, sino hojas de menta. La noche se había perfumado y Lyo, esperaba sentado, para siempre, al siguiente atardecer.

            Cuando el atardecer volvió, al día siguiente, Lyo se puso en pie y emprendió el rumbo hacia el horizonte. Pasado el tiempo, en el camino, Lyo… se convirtió en mariposa.

            Al sentir que podía batir las alas, entendió su nuevo aspecto y marchó en busca de Tenea. ¿Cómo encontrarla entre tantas flores?. Planeó sin cansancio hasta que, poco después, la encontró posada al lado de un bello manantial.

            -¡Lyo!

            -¡Tenea!

La alegría se hacía tan grande, que las dos mariposas volaron siempre juntas. Durante bastante tiempo, para ellas.

            Pero el tiempo de vida de una mariposa, visto desde nuestro punto de vista, es relativamente corto. Y cuando llegó la muerte, sonriente, Lyo y Tenea la recibieron juntos en algún prado soleado de aquel paraíso.

            Las mariposas murieron. Se descompusieron. Y de ellas surgió un polvillo fino que el viento se llevó. Cuando el Sol iluminó el polvillo flotante en el aire, ligero, nacía con sutileza el naranja más bello del Universo.

            Tenea y Lyo habían conseguido llegar al horizonte.

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8 comentarios

  1. gnomo said,

    precioso.

  2. Quelinha said,

    Bonita historia, con un final impredecible. Preciosa!

  3. Moli said,

    Me dejas sin palabras…como siempre… espero que sepas entender mi silencio (como algo positivo claro )

  4. Carolina (Scar0la) said,

    Precioso!
    Tenía ganas de saber la historia LyoTenea 😀
    Nos vemos por aquí!
    Muuaaaaaaaaa!

  5. Brbra said,

    por un momento, pensé que iba a llorar, al sentir la impotencia de Lyo, haber encontrado a alguien con quien te compenetras, amas y te ama, y no poder tocarla…y perderla delante de tus ojos…
    Creo que es una de las historias mas bonitas que he leido nunca, ojalá algún dia yo alcance ese horizonte…

  6. MöL¡ =) said,

    Cuando La Justicia Es Esperada Por Alguien Ya No Es Justa

  7. KiNkY said,

    me encanta como escribes,niño.Ojala pudieras contarme estos cuentos en persona algun dia…
    un besazo!

  8. Anónimo said,

    Gracias al cambio siempre podemos convertirnos en mariposas… … pero la indiferencia ?mejor olvidarla.Precioso cuento.

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